Un paseo por el país de los muertos

Un paseo por el país de los muertos

Llegó el Día de muertos y mi hermano no quería perdérselo por nada del mundo. Él lleva poco menos de un año viviendo en Finlandia y allá no tienen una celebración que se asemeje a la nuestra, por lo que hizo todo lo posible por volver a su país y pasar esta celebración con la familia. Así que tomó uno de los vuelos baratos y, con un amigo, se regresó a su país. Su amigo, quien es finlandés, quedó asombrado por como los mexicanos celebramos la muerte y honramos a los que ya se fueron. Así que le dimos un paseo por el país de los muertos.

Johannes, el amigo de mi hermano, no podía creer cómo en nuestra cultura nos burlamos de la suerte. Por mi trabajo como escritor, me pidieron que redactara unas calaveritas para gente famosa y miembros de un medio de comunicación. Al leerlas, el finlandés se quedó asombrado, ya que cuando mi hermano trató de traducírselas no daba crédito a que yo le deseara la muerte a alguien. Tratamos de explicarle que es un juego en verso, donde damos a la muerte un significado divertido y literario. Intentó entenderlo pero al parecer por el idioma y lo difícil que es adaptarlo al suyo, no logramos sacarle una sonrisa, aunque se quedó más tranquilo al saber que a las personas que se las dediqué no se iban a molestar.

Después fuimos a Coyoacán para disfrutar en el centro de la fiesta que hacen cada mes, donde se ve a gente disfrazada de una gran cantidad de personajes, desde los más terroríficos hasta algunos muy divertidos y originales. Pero los que dejaron maravillado a Johannes fueron las catrinas, donde las mujeres resaltaban la cultura mexicana, pero él creía que rendían tributo a la muerte. Le dijimos que no era así, que era más por una cuestión de nuestra cultura y el gusto por las calaveras.

Volvimos a casa y comenzamos a poner la ofrenda, él pensaba que era un simple altar, pero conforme agregábamos comida, bebidas, dulces, juguetes ponía quera de ‘what?’. Le explicamos que era una forma de darle la bienvenida a nuestros seres queridos que se han ido y que los invitábamos a visitarnos. Creo que esta parte lo asustó un poco, ya que le preguntó a mi hermano si iba a haber apariciones, porque él le tenía miedo a las cosas del más allá y prefería mantenerlo alejado de su vida. Esto nos dio mucha risa, así que decidimos seguirle con la broma.

Le dijimos que en ocasiones sí se escuchan ruidos por las noches, que a veces ves sombras recorrer la casa pero que no se asustara, ya que como son familia, difícilmente podrían hacernos daño, el problema es que él era un desconocido para nuestros muertitos, y eso lo hizo palidecer. Mejor le dijimos que todo era una broma, pero que hay creencias de que después de la fecha de Día de muertos, al quitar la ofrenda los alimentos pierden su sabor y aroma dado que se cree que en verdad los espíritus nos visitaron para degustar los sagrados alimentos que les ofrecimos.